El luto por la trágica pérdida de Hwa-ja sacude los cimientos de la familia, pero la determinación de Nam-soon es más fuerte que su dolor. En un acto de valentía desesperada, desafía directamente a Ryu Si-o, exigiéndole el fin de esta guerra. Sin embargo, Si-o ha abandonado toda pretensión de humanidad: se niega a aceptar la derrota y, como represalia final, somete a Nam-soon a una tortura psicológica y física insoportable, usando la vida de su madre adoptiva como moneda de cambio. Nam-soon deberá decidir si su fuerza es suficiente para romper las cadenas de un sádico que no tiene nada que perder.















