Nicky y Morgan deben transportar un cargamento de «mercancía sensible» a través de la ciudad. Convencidos de que la discreción es la clave, deciden usar un camión de helados musical. El plan fracasa estrepitosamente cuando terminan siendo perseguidos por una horda de niños hambrientos y una patrulla de tráfico, descubriendo a mitad de camino que lo que transportan no son sustancias ilegales, sino algo mucho más extraño y valioso.







