
Tras el misterioso suicidio de su mujer, Manuel se comporta con frialdad, como si obedeciera a la voluntad desconocida de alguien. El hijo, temiendo por la salud de su padre, lo transporta a su familia, lo que provoca una reacción ambigua en la casa. La nieta de Manuel está llena de ternura y cuidado, y su nuera lo ve como un demonio. Cuando el calor que paraliza la ciudad llega a su clímax, Manuel augura una muerte rápida para la familia.