

La joven traviesa Charlotte trepó por la ventilación al apartamento de su tía abuela (que también es propietaria de la casa donde viven la niña y su familia) para robar una muñeca coleccionable, pero encontró allí una extraña araña. Ella lo llama Sting, lo mete en un frasco y, a escondidas de todos, comienza a darle de comer cucarachas. Y a Charlotte no le avergüenza en absoluto que su mascota pueda imitar sonidos, tenga una gran inteligencia y crezca a una velocidad inimaginable.
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