

Érase una vez la fama de Hércules Poirot que resonó en todo el mundo. Pero el detective privado ha envejecido. No le resultó fácil lidiar con los sonados casos del asesinato de un pasajero del Orient Express y la misteriosa muerte de un joven millonario durante un viaje de luna de miel por el Nilo. Un conocimiento demasiado cercano de los vicios humanos, los dramas que paralizan y acaban con la vida de alguien: este es el lado equivocado de la profesión de detective.
Puedes cansarte de eso. Otra guerra mundial tampoco aporta optimismo ni fe en la gente. Entonces, Poirot decide alejarse de los criminales y los crímenes, dedicándose a sus pasatiempos favoritos. Planea pasar el resto de sus días en Venecia, una ciudad que se adapta a sus gustos refinados. El aliento de la antigüedad, el paso de la historia cobrando vida en las calles estrechas… Leyendas… Fantasmas… ¡No, espera! Poirot no tiene nada que ver con el misticismo. Es un realista hasta la médula, lo que le ha ayudado a atrapar a los infractores de la ley durante tantos años. Sin embargo, los espíritus, al igual que su propia reputación, encuentran ellos mismos al ex detective. Como celebridad invitada, se encuentra en una fiesta de Halloween en uno de los palacios venecianos.