La paranoia se apodera de Angelo cuando descubre micrófonos ocultos en su propia casa. Incapaz de recordar si él mismo los puso por seguridad o si es obra de sus enemigos, comienza a desconfiar de su esposa. Mientras tanto, un antiguo «asociado» reaparece con un ultimátum que Angelo no puede procesar debido a un severo episodio de desorientación.









